En muchas ocasiones he defendido mi tierra, Castilla La Mancha, tanto por sus derechos como autonomía, la cuestión eterna del agua, su reivindicación cultural, natural y patrimonial o tan sólo para intentar que saliera de su eterno olvido. Sin embargo, nunca me he considerado una persona nacionalista, ni comparto las posturas de los nacionalistas castellanos de Tierra Comunera; mi postura se debe a la impotencia con la que obsevo cómo mi tierra es vilipendiada de muchas maneras, cómo se vincula tan sólo a absurdos tópicos y cómo, poco a poco, los propios manchegos perdemos el interés por nuestras raíces y nuestro patrimonio. Tengo que reconocer que asumo mi futuro, tanto personal como profesional, lejos de La Mancha; pero no quiero que eso signifique olvidar o limitar el recuerdo de mi tierra a unas visitas esporádicas.


Esta repentina "vena mancheguista" se ha propiciado por numerosas noticias y hechos de los que he tenido constancia últimamente, y a mis propias reflexiones al respecto. Las pasaré a resumir brevemente a continuación.

El asunto prioritario en Castilla La Mancha ha sido siempre el problema del agua. Es una zona de España que se nutre de las aguas subterráneas, tanto para el regadío como el consumo. Mi pueblo natal, Manzanares, "bebe" del acuífero 23. El único rio caudaloso del que es posible aprovecharse es el Tajo, y parte de la cuenca del Guadiana y del Guadalquivir. Todo ello ha originado una adaptación al cultivo de secano, para garantizar la subsistencia.
Sin embargo, en los últimos años se vive una situación preocupante: los acuíferos se secan, provocando cortes del suministro, y las cuencas de los ríos están cada vez más agotadas. Los embalses sufren un destino parecido. Las causas principales son dos: los pozos ilegales (cifrados en la escalofriante cifra de 60.000) y las continuas "sangrías" del trasvase Tajo-Segura hacia Murcia, una comunidad que se ha esforzado en mantener unos cultivos hortofrutículas de regadío pese a su limitación de agua, por no hablar de la especulación inmobiliaria y "golfística" que provoca ser una zona costera... Las continuas quejas de la Junta nunca son escuchadas.

La última noticia en este aspecto ha sido el traspaso del control de la cuenca hidrográfica del Guadalquivir a manos andaluzas, a través del nuevo estatuto. Castilla La Mancha abarca 4.100 km cuadrados de dicha cuenca, que dejarán de estar bajo su control directo, viéndose también perjudicadas Murcia y Extremadura.

En la presente reforma estatutaria que vivimos actualmente mucho se ha discutido sobre los estatutos andaluz, catalán, vasco... Sobre la economía, competencias, denominaciones... La Junta de CLM lleva más de un año enfrascada en el nuevo estatuto, llegando a acuerdos pero claro, a nadie parece importarle...

José Bono, el anterior presidente de la Junta, aunque dotado de cierta demagogia, consiguió grandes logros para nuestra tierra, que nunca podrá alcanzar el actual presidente Barreda... ¿Por qué? Muy fácil, a ver quien es capaz de reconocer físicamente a Barreda... Y todos conocemos a Chávez, Ibarretxe & cía, ¿o no?

La Mancha se ha encorsetado en el cliché quijotesco, basando en él el turismo, la cultura, la promoción y las inversiones. La única ocasión en la que se ha mencionado a La Mancha con más asiduidad en los medios de comunicación fue durante el pasado año de Conmemoración del Quijote, antes y después sólo somos un gigante dormido...

Podría seguir así eternamente, hablando sobre factores demográficos, políticos y económicos que influyen en esta situación.
Pero el hecho que quiero constatar, a colación del título que he escogido para el presente escrito, es que en la España de la última década ha prosperado una política de nacionalismos. No los critico; los respeto y comprendo sus exigencias, sobre todo dado que parece la única forma de exigir cambios substanciales al gobierno. Se ha iniciado la reforma estatutaria en torno a los nacionalismos, se discuten cambios en las competencias económicas también en torno a los nacionalismos y en general, pasan a la luz pública los requerimientos nacionalistas, discutidos, matizados, aprobados o anulados hasta la saciedad, de forma que todos los conocemos al pie de la letra...

No nos engañemos, voy a realizar una afirmación categórica que puede sonar fuerte, pero cualquier reflexión me lleva siempre a la misma conclusión: las CC.AA más olvidadas, a las que menos se tiene en consideración, y cuyos planes menos se tienen en cuenta a nivel gubernamental o a pie de calle, suelen coincidir con las CC.AA con un partido nacionalista menos nustrido o con un sentimiento nacional menos desarrollado.

Y ello me conduce a descubrir otra cruda realidad: puedo defender mucho mi tierra, apoyar su cultura o exigir más respeto... Pero jamás cambiará el esquema actual, o incluso empeorará (así lo veo tras la marcha de Bono, sinceramente).

Se acercan las elecciones municipales. En mi decepción respecto a los políticos, sus comportamientos respecto al pueblo y la democracia, me había planteado votar en blanco, como queja ante esta situación, como impotencia al verme desamparado políticamente sin ningún partido en el que depositar mis esperanzas.
Y sigo pensando igual... pero me estoy replanteando muchas cosas.
Estoy meditando sobre el nacionalismo castellano como única via posible para que cambien las cosas.

No importa cuáles sean sus postulados, cualquier nacionalismo es similar, pero su poder de negociación y de exigencia es exponencialmente mayor que un partido minoritario...
... o que un voto en blanco.